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Proteger nuestros ojos tras unas gafas de sol es fundamental para evitar los daños producidos por las radiaciones UVB y UVA. Cada año, millones de personas sufren  patologías oculares producidas por la radiación solar. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, los ojos de los más pequeños de la casa son los grandes olvidados a la hora de protegerlos del sol.

Imprescindible proteger los ojos del sol desde la infancia

Según un estudio de Visión y Vida, el 42,5 % de los menores de cinco años no ha usado gafas de sol. Es más, habitualmente, su uso se empieza a extender durante la adolescencia. No obstante, antes de cumplir la mayoría de edad, un niño ya habrá percibido el 80 % de la radiación UVB y UVA que recibirá a lo largo de su vida.

Al igual que no dejarías salir a tus hijos a la calle en un día soleado sin protección solar para la piel y una gorra, las gafas de sol también deberían convertirse en un complemento imprescindible en estas ocasiones.

¿Por qué es tan importante? Porque en los niños, las estructuras oculares son muy transparentes, el proceso de pigmentación todavía no ha finalizado y la pupila no responde adecuadamente a la luz y es más vulnerable a las radiaciones ultravioleta.

Un complemento más

Al igual que todas las mañanas se visten, se peinan y se lavan los dientes, los niños deben adquirir el hábito de coger sus gafas de sol antes de salir de casa. En la actualidad existen infinidad de modelos adaptados a todas las edades y el tipo de visión.

Nuestra recomendación es que acudas a tu optometrista de confianza para adquirir el producto más adecuado para tus hijos. Y, sobre todo, evita el uso de gafas de sol no homologadas tanto en niños como en adultos. Estas no cumplen las especificaciones sanitarias y pueden causar daños en el ojo al proporcionarle información de “falsa oscuridad”, lo que hará que el iris se expanda y absorba un mayor volumen de radiación.

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